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CHRISTIAN IBÁÑEZ: «Siempre hay un calamar más grande».

Licenciado en Biología Marina por la Universidad Católica de la Santísima Concepción (Chile) y Doctor en Ciencias con mención en Ecología y Biología Evolutiva por la Universidad de Chile, Christian Marcelo Ibáñez Carvajal realizó su postdoctorado en Evolución de historias de vida, también en esta última universidad. En la actualidad, es profesor asociado en la Universidad Andrés Bello (Chile), siendo sus principales líneas de investigación la ecología, genética, evolución, biogeografía y la filogenia de moluscos, con especial énfasis en los cefalópodos. Con más de 70 artículos científicos publicados, ha participado en varios proyectos como investigador principal, habiendo trabajado con cefalópodos como modelo de estudio desde el año 1999.

¡Bienvenido a este pequeño «rincón de los cefalópodos», Christian! Para comenzar, creo que a todos nos gustaría saber cómo empezaste a estudiar cefalópodos.

– C: Siempre me gustaron los invertebrados marinos y comencé mis investigaciones con los pulpos, pero este comienzo fue inesperado.

En el año 1999, cuando cursaba el tercer año de Biología Marina, era ayudante del curso de Zoología. El profesor encargado, Msc. Javier Chong, se había adjudicado un proyecto titulado “Estudio biológico pesquero del recurso pulpo en la X y XI Regiones” y me invitó a ser parte del equipo de trabajo. Así pude hacer mi unidad de investigación en “Ecología trófica del pulpo Enteroctopus megalocyathus” y, más tarde, la tesis de Biología Marina en parásitos coccidios del mismo pulpo. Realmente fue muy entretenido y enriquecedor, ya que hicimos morfometría, reproducción, edad y crecimiento, dieta y genética.

Aprendí de todo un poco y comencé a buscar literatura de pulpos y cefalópodos en la biblioteca. Pasaba horas en la biblioteca de mi universidad, y también en otras universidades, leyendo y sacando copias de artículos, como también buscando en internet.

El pulpo gigante de Chiloé (Enteroctopus megalocyathus), especie en la que Christian empezó su carrera investigadora. © Mariano Rodriguez. Puedes ver un video de este pulpo en su hábitat en este enlace.

Al empezar tu andadura con estos animales, ¿tuviste algún mentor dentro de la biología de los cefalópodos que te inspirase más?

– C: Respeto mucho el trabajo que hacen mis colegas y me gusta participar con grupos de muchos países. Sin embargo, 20 años atrás los admiraba por todo lo que estaban haciendo. Entre estos, destaco a Ángel Guerra, Francisco Rocha, Janet Voight, Roger Hanlon, Chingis Nigmatullin, Kirk Nesis

En el año 2000 asistí a mi primer congreso, donde presenté un trabajo sobre ecología trófica de E. megalocyathus. En ese momento me enteré de que se realizaría un curso de cefalópodos en Santiago dictado por el Dr. Ángel Guerra. Por lo tanto, asistí al curso, de dos semanas, y conocí a varias personas que estaban igual que yo, aprendiendo de los cefalópodos. También conocí al Dr. Manuel Haimovici, que fue invitado a participar en el curso un par de días.

Ángel me dijo que escribiera a Francisco Rocha y comenzamos a escribirnos y planear algunos estudios que podríamos realizar en conjunto. Luego, Francisco vino a Chile durante el año 2003 a dictar un curso de cefalópodos y tuvimos la oportunidad de conocernos en persona. A esa fecha, ya había entablado comunicación con algunos investigadores que luego conocí en persona como la Dra. Janet Voight. Creo que ella fundó las bases de la biología comparada en cefalópodos, ya que fue muy innovadora comparando los rasgos de especies y siempre buscando una explicación evolutiva.

¿Con qué investigador/a te gustaría poder trabajar en el futuro?

C: Bueno, he trabajado con muchas personas, excepto con el Dr. Roger Hanlon. Me gusta la mirada ecológico-evolutiva de sus estudios conductuales. Quizás, me gustaría trabajar con él en algo de selección sexual, un tema que me apasiona, y los cefalópodos son un excelente modelo para probar hipótesis Darwinianas de competencia en el apareamiento y selección de parejas.

¿Cuál y por qué es tu cefalópodo favorito?

C: Definitivamente Vampyroteuthis infernalis, el pulpo vampiro del infierno. ¿Qué nombre no?, algún día espero tener la suerte de poder tener algunos especímenes. Solo lo he encontrado en los estómagos de Xiphias gladius (pez espada).

El misterioso Vampyroteuthis infernalis, «el pulpo del infierno». © MBARI.

Has participado en varios proyectos como investigador principal (FONDECYT, CONICYT, UNAB) y en otros tantos como co-investigador (FIPA, FONDECYT, INACH, UCSC). ¿Qué proyecto tienes ahora entre manos?

C: Ahora estoy participando como co-investigador del proyecto RG 50-18 «Historical biogeography of octopuses from Southern Ocean“ financiado por INACH (Instituto Antárctico Chileno). Este proyecto está liderado por María Cecilia Pardo-Gandarillas y tenemos otros co-investigadores de Chile, México, Japón, Nueva Zelandia, Alemania y Australia. Tenemos resultados preliminares muy interesantes sobre el origen y diversificación de la fauna de pulpos de Océano Austral, pero estamos atrasados debido a la pandemia del COVID 19.

Además, en este momento, patrocino un proyecto de postdoctorado liderado por la Dra. Mariana Díaz Santana-Iturrios, titulado “Biogeografía filogenética de los pulpos bentónicos y la influencia del tamaño corporal y el tipo de desarrollo en su distribución geográfica y batimétrica», financiado por CONACYT (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, México), el cual está teniendo resultados prometedores.

Recientemente, he adjudicado dos nuevos proyectos en genética de cefalópodos como investigador principal. El primero sobre la adaptación genética de los pulpos a las profundidades y el segundo sobre estructura genética poblacional de Dosidicus gigas en el Pacífico.

¡Nuestra más sincera enhorabuena, Christian! Son un importantísimo aporte. Aparte de estos interesantes proyectos en los que estás participando, ¿qué proyecto sería para tí un sueño poder realizar?

C: Me gustaría poder secuenciar el genoma de Dosidicus gigas y otros cefalópodos para poder entender cómo se adaptarán al cambio climático. Con mi nuevo proyecto sobre esta especie, podré hacer parte de este sueño realidad.

Con todo el tiempo que llevas trabajando con estos extraordinarios seres, ¿qué momento vivido entre cefalópodos es el que recuerdas con más cariño?

C: Recuerdo que fue muy entretenido buscar y recolectar pulpos de la especie Robsonella fontaniana durante el verano del año 2003, en Lenga y Coliumo. Estuvimos trabajando en aquel proyecto («Biología y conducta de Robsonella fontaniana Orbigny, 1834 (Cephalopoda: Octopodidae) en poblaciones locales de la octava región, Chile”), desde enero del 2003 hasta febrero del 2004. El proyecto pertenecía a la Universidad Católica de la Santísima Concepción. Salimos casi todos los fines de semanas un equipo de 4 a 5 personas a buscar y capturar pulpos. Algunos buscábamos en las pozas intermareales y luego hacíamos snorkelling y otros buceaban buscando pulpos para los experimentos conductuales. Después de cada trabajo compartíamos unos buenos mariscos o pescados en los restaurantes de la zona. Este artículo fue uno de los resultados.

El pulpo de Fontaine (Robsonella fontaniana), recolectado en Lenga en enero del 2007. Foto cedida por Christian Ibáñez.

De los más de 70 artículos científicos que has publicado, ¿cuál de ellos es tu favorito?

– C: Eso es muy fácil de contestar: Thorson’s rule, life history evolution and diversification of benthic octopuses (Cephalopoda: Octopodoidea) (2018), publicado en la revista Evolution. Además de lo interesante del artículo, todo el trabajo que se debió realizar, tanto en terreno (recolectando pulpos), laboratorio (ADN), como los análisis de datos, hay una historia editorial detrás muy gratificante.

El editor asociado de este artículo fue el Dr. John Huelsenbeck, una autoridad en biología evolutiva y creador de varios algoritmos y programas (entre ellos MrBayes). Le gustó tanto el manuscrito que dijo que lo publicaría tal como estaba, pero que había que arreglar unos detalles que sugerían los revisores. Para más sorpresa, cuando el artículo fue aceptado, el editor jefe de la revista, ese año Dr. Mohamed A. Noor, nos pidió una foto de un pulpo para ponerla de portada del número de septiembre de la revista.

Magnífica portada de la revista Evolution (Septiembre, 2018). Un especimen vivo de Octopus mimus recogido en El Ñajo, Iquique (Chile), en agosto del 2011, fotografiado por María Cecilia Pardo-Gandarillas, co-autora del artículo. Foto cedida por Christian Ibáñez.

La costa chilena tiene una extraordinaria riqueza biológica. ¿Qué región recomendarías a los amantes de la naturaleza que no han tenido todavía la oportunidad de conocerla?

– C: Es bien difícil la pregunta, ya que como Chile es un país muy largo (> 4000 km), tiene un marcado gradiente climático y de biodiversidad. Cuando has tenido la oportunidad de recorrer toda esta costa y la de otros países, te das cuenta de lo extraordinario que es tu país. Tenemos una gran cantidad de invertebrados que son gigantes comparados a los mismos grupos taxonómicos de otras latitudes (cirripedios, poliplacóforos, lapas, mitílidos). Si alguien quiere conocer Chile continental, debe ir al desierto en el norte, la costa de la zona central y conocer los fiordos del sur.

En muchas ocasiones, has tenido la oportunidad de trabajar con un verdadero calamar gigante, Dosidicus gigas. ¿Qué tal ha sido tu experiencia trabajando con este titán del océano?

C: Este calamar es un gran modelo de estudio y es muy interesante cómo en Chile pasó de ser una plaga a ser un producto de exportación. Es una especie que podría ser un demonio Darwiniano debido a su amplia distribución geográfica, que abarca hábitats fríos, templados y tropicales, ya que su rango va desde Alaska hasta el Sur de Chile. Y, además, su gran fecundidad (>30 millones de huevos), rápido crecimiento (50 kg en menos de 3 años) y amplitud alimenticia lo hacen un competidor ecológico digno de varias medallas y estatuillas.

He publicado 17 artículos de Dosidicus gigas y seguro vendrán otros cuantos más, ya que estamos trabajando en varios temas relacionados con esta especie que, además, es uno de los cefalópodos más estudiados en el mundo, ya que es uno de los recursos pesqueros más importantes en el Océano Pacífico.

Christian en 2005 con Dosidicus gigas en el Golfo de Arauco. Foto cedida por Christian Ibáñez.

Has trabajado con multitud de especies de pulpos, tanto bentónicos como de profundidad. ¿Qué tienen de especial estos animales para ti?

C: Los pulpos no solo han fascinado a los biólogos marinos por décadas, sino también a los cineastas y escritores de literatura fantástica, ciencia ficción y horror. Para mí, representan un linaje que ha evolucionado en diferentes fenotipos, dependiendo de dónde viven y cómo se han enfrentado a los cambios ambientales. Existen pulpos muy coloridos y activos en ambientes tropicales donde son los maestros del camuflaje, y por el otro lado pulpos pálidos y muy tranquilos que viven en los ambientes polares o en el mar profundo. Realmente tenemos toda una gama de variantes que, además, si le agregas su conducta, los hace un grupo de animales increíbles e inigualables.

«Realmente tenemos toda una gama de variantes de pulpo que, además, si le agregas su conducta, los hace un grupo de animales increíbles e inigualables».

Respecto a las especies de profundidad, ¿qué importancia tiene su estudio dentro de la Biología?

C: Las especies de profundidad son un ejemplo de cómo los organismos marinos se han podido adaptar a un ambiente hostil, sin luz, con frío, con baja concentración de oxígeno y con poco o casi nada de alimento. Además, como resultado del calentamiento global, el aumento de las temperaturas del mar no se limita a los primeros metros del mar, sino que llega hasta los 700 metros, por lo que estudiar los pulpos de profundidad también puede ayudar a comprender cómo las especies de aguas profundas se enfrentarán a este incipiente desafío evolutivo.

Ante los recientes avances en investigaciones sobre cultivo del pulpo, ¿cómo ves el futuro de la acuicultura respecto a este animal?

C: De todas formas, no conozco mucho de aquello y podría equivocarme, pero los resultados que han tenido los colegas son muy auspiciosos, aunque aún no para generar un cultivo masivo de pulpos como ha sido el caso del cultivo de salmones y truchas.

Una importante parte de tu trabajo la dedicas a la enseñanza, en materias como la Genética y la Evolución. Es inevitable que te preguntemos cómo ves la situación actual de la enseñanza y qué reto supone para ti.

C: La tecnología ha cambiado muchísimo la forma en que enseñamos. En parte, me gusta mucho todo lo que se puede enseñar usando las computadoras. En mis cursos enseño mucha bioinformática y estadística usando diferentes programas. Por otra parte, hay un montón de información en la red que se puede adquirir fácilmente.

«Este año de pandemia ha sido un reto para poder enseñar sin clases presenciales, pero lo hemos logrado».

Específicamente, este año de pandemia ha sido un reto para poder enseñar todo ésto sin clases presenciales, pero lo hemos logrado. El principal problema es que no sabes si los estudiantes están atentos o desarrollando las actividades y, finalmente, no sabes si están aprendiendo.

Las nuevas generaciones son muy dependientes de los dispositivos móviles y no leen libros ni escriben en papel, y tampoco van a la biblioteca. Todas esas actividades generan un mejor desarrollo psicomotor, y eso se está perdiendo con la tecnología, sobre todo si abusas de ella.

«Las nuevas generaciones son muy dependientes de los dispositivos móviles y no leen libros ni escriben en papel, y tampoco van a la biblioteca.

Todas esas actividades generan un mejor desarrollo psicomotor, y eso se está perdiendo con la tecnología…».

Septiembre, 2020. Christian con una interesante lectura entre las manos. Foto cedida por Christian Ibáñez.

¿Tienes alguna anécdota como profesor que te apetezca compartir con nosotros?

C: En una oportunidad, un estudiante dibujó un pez atrapando un pulpo en su hoja de respuestas. Yo le incluí al dibujo unos tentáculos atrapando al pez y le escribí: “Siempre hay un calamar más grande”.

Como biólogo marino, acostumbrado a las expediciones oceanográficas, ¿pasaste alguna vez miedo a bordo?

C: No soy de expediciones en barcos, mi trabajo está más ligado a la costa, así que no he tenido esa experiencia aún.

¿Crees que las expediciones tienen impacto en el medio marino?

C: Todo lo que hacemos tiene un impacto en los ecosistemas marinos. Los barcos no solo contaminan con sus desechos, sino que también generan contaminación acústica que altera la conducta de los animales marinos.  

Has trabajado en muchas ramas de la Biología Marina. ¿Hay alguna en la que te sientas más a gusto trabajando?

C: Me encanta la Biogeografía, porque es una disciplina integradora. Debes conocer el pasado para entender el presente y predecir el futuro. Puedes combinar la información ecológica, filogenética y la evidencia fósil para proponer escenarios biogeográficos y así poder entender los patrones de distribución y diversidad de los cefalópodos. Tengo muchas preguntas que contestar con los cefalópodos: ¿Por qué hay tantas especies de amplia distribución?, ¿Pueden los cefalópodos ser modelos de estudio de reglas ecogeográficas?, ¿Por qué hay tantos géneros monoespecíficos con distribuciones restringidas?

Christian participando en la conferencia bianual del CIAC 2018. Foto cedida por Christian Ibáñez.

Desde tu experiencia, ¿qué trayectoria crees que van a tomar los estudios sobre cefalópodos?

C: Creo que el futuro está en los genomas. Todas las preguntas de un sinfín de disciplinas como la fisiología, la conducta y hasta aspectos ecológicos podrán ser descifradas cuando conozcamos los genomas de los cefalópodos y las funciones de los genes que contienen. Ya hay varios genomas secuenciados, pero existen más de 800 especies, por lo tanto, falta muchísimo trabajo por hacer.

¿Crees que esta pandemia mundial que estamos viviendo está afectando a los cefalópodos?

C: En general, la pandemia está contaminando los mares con mascarillas, guantes, y más bolsas plásticas. Eso no solo afecta a los cefalópodos sino a todos los ecosistemas.

«La pandemia está contaminando los mares con mascarillas, guantes, y más bolsas plásticas. Eso no solo afecta a los cefalópodos sino a todos los ecosistemas».

¿Qué mensaje dejarías para los nuevos teutólogos?

C: Estimados, hay mucho trabajo por hacer, sean perseverantes, minuciosos y mantengan una mente inquieta. Conocemos menos del 10% de la biología y ecología de los más de 800 especies de cefalópodos. Pueden elegir una especie o una familia al azar y encontrarán vacíos en el conocimiento científico. Ustedes deben completarlo.  

¡Gracias, Chistian! ¡Mucho éxito en tus proyectos!

Christian Ibáñez, Licenciado en Biología Marina y Doctor en Ciencias con mención en Ecología y Biología Evolutiva por la Universidad de Chile. Experto en cefalópodos.

Si quieres contactar con Christian, te dejamos los enlaces a su twitter y a su página web:

@ChristianMIbez1

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1 comentario en «ENTREVISTA A CHRISTIAN IBÁÑEZ»

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